Hay días en los que uno se levanta y todo está en su lugar… pero igual se siente vacío. Como si algo se hubiera ido sin hacer ruido, sin despedirse, dejando solo ese eco raro que no se quita.

No es un dolor escandaloso, no. Es más bien callado, constante… de esos que se meten en los momentos más simples. En una canción, en una calle, en un recuerdo que aparece sin permiso. Y ahí es donde pesa más.

Lo peor es que el mundo sigue normal. La gente se ríe, los días avanzan, todo funciona… menos uno. Porque por dentro algo se desacomodó, y ya no volvió a encajar como antes.

Y sí, uno aprende a seguir, a disimular, a decir “todo bien” aunque no lo esté. Pero hay cosas que no se van, solo se quedan más quietas… como esperando que uno las vuelva a sentir.

Y cuando pasa eso, cuando regresan… duele casi igual que al principio.

Categories:

Deja un comentario